Sobre el letargo, desvaríos y otras cosas…
Ayer me dormí desde temprano, sentía un cansancio físico, emocional e intelectual de esos que siempre anteceden a la melancolía y terminan en depresión. Tengo tres libros en mi lista de pendientes y no he terminado siquiera el primero, comencé a leer “Inventario” de Juan José Arreola, el que le sigue es “Tarzán: El Hombre Mito” y quisiera terminar antes de Mayo “Hambre y Sed de Justicia” de José P. Miranda. Además de mis lecturas habituales referentes a tecnología, videojuegos e historietas. Pero cada vez más es menos el tiempo que tengo para leer o distraerme con mis aficiones, el día termina rápido y llega la noche y me siento cansado y triste, a veces, por el sentimiento de que los días pasan muy rápido, tan rápido que no da tiempo de digerirlos o de apreciarlos, sigo haciendo una especie de diario personal que me permite recordar nombres y fechas especiales (ya mi memoria no es la misma), citas, frases de mis lecturas o simplemente pensamientos que, por necesidad espiritual, los vierto en papel y después les doy forma. No todos tenemos la habilidad que tanto presume Juan José Arreola de “recitar…como siempre…de memoria” los textos que se leen.
Aquellos tiempos…
En mis cuadernos de primaria e incluso de nivel superior se pueden observar en los márgenes y en las últimas páginas, notas y dibujos que hacía en momentos de lucidez (o estupidez), semejando bosquejos de lo que hago ahora de manera más recurrente. En los exámenes, cuando ya sentía que mi cerebro no daba para más (la mayor parte del tiempo), hacía trazos para no desanimarme por la inminente reprobación, algunos aún los conservo porque me remontan a esos tiempos que, aunque malos, forman parte de mi vida.
Desilusión
Es extraño cómo tienes cierta perspectiva de las personas con las que convives a diario o que admiras y respetas, ya sea por sus ideas, su trato, su “función” en tu vida o la importancia que tienen para tu acervo de vivencias, y de un día para otro se desmorona esa perspectiva y dejas de tenerles el mismo respeto.
Mi fascinación por encontrar ídolos y rendirles tributo a mi manera está dejando de ser un deporte que llena mis necesidades existenciales. Hay una canción, de una banda española llamada Transfer, que se llama “falsos dioses” y trata esta temática de la búsqueda de identidad y de cómo la buscamos en alguien más, ¡que tontería!.
Ahí les va la letra para que la analicen:
Falsos Dioses por Transfer
Desilusión
Al abrir los ojos
Y ver al que llegaste a admirar
Con el disfraz
De entregarlo todo
Es maquillaje y nada más
Me quedé como el que está preso
Por la libertad
Más apagado que una vela
En el fondo del mar
Por ti llorará mi sueño
La culpa la tuve yo
Por creer en falsos dioses del Rock’n Roll
Por ti llorará mi sueño
La culpa la tuve yo
Por creer que había dioses del Rock’n Roll
Algo de amistad saldrá en el camino
Y alguna lágrima se irá
Sin descansar, es un castigo
Siempre llegando y no hay lugar
Pero aún me sigo emocionando
Con una canción
Y es que las cosas más sencillas
Tienen su valor
Como mirarte a la cara
O cantarte una canción
No hace falta ser estrellas del Rock’n Roll
Noches de sueño y empapadas en sudor y alcohol
Valdrán la pena si mantengo viva la ilusión
Si puedo mirarte a la cara
O cantarte una canción
No hace falta ser estrellas del Rock’n Roll
La canción es sobre un fan emocionado por conocer a sus ídolos y éstos no son lo que él esperaba, a final de cuentas nadie es digno de admiración, como dijo Prince (o el sujeto antes conocido como Prince y ahora identificado con un símbolo pachecón) cuando le negó un autógrafo a un fan “no admires a nadie”, eso dice la leyenda urbana, y es cierto, no admires a nadie, reconoce su trabajo y aprécialo, pero no admires a la persona que tal vez no es tan genial como tu crees o como tu quisieras, yo mientras seguiré admirando a Timmy y espero algún día conocerlo, charlar y decirle qué tan genial es y lo mucho que me gustaría tener un hijo suyo… Hasta la Próxima ==è Have Fun!
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